Luis Davila en estado puro

Veamos y analicemos el escenario. Pandemia y confinamiento. Un negro panorama. Gris. Oscuro. Durante muchos días. Y Luis Davila mantuvo su regular contacto con sus seguidores. Oiga. Mucho mérito hacer reír cuando las penas ahogan. Plantearle esto a Luis Davila es encender la llama de la imaginación. Un asunto complicado que superó con notable.

 

Lino Blanco / Vigo

“No te creas. La situaciones que se daban eran tan increíbles que algunos días tenía hasta tres o cuatro ideas”, dice con soltura. Quién lo diría. Y añade un dato ‘sobrecogedor’ sobre su trabajo: “Algunas viñetas las publicaba al momento de terminarlas. No esperaba al día siguiente. Porque había tantos cambios en las cosas en tan pocas horas que se quedaban obsoletas”.

A Luis Davila no se le puede preguntar por su secreto mejor guardado (habrá tiempo en otro momento) pero se le puede poner en aprietos. Retuerce la cara cuando reconoce que “claro que hay días fastidiados para sacar el trabajo adelante, es decir, que tengas una buena idea que plasmar”. Es el momento de recurrir a la experiencia, de buscar en el repertorio clásico… Es el instante en el que Luis Davila se hace más humano. Incluso más cuando se le pregunta por la presión de tener que hacer una viñeta todos los días.

Sus personajes disfrutan de una leyenda y fama de reconocido prestigio. Nadie pone en duda su calidad y también ‘influencia’ en algunos mensajes. Ah. Un momento. Vamos a los mensajes. Ese lenguaje parece un ‘jallejo especial’. Y se arranca rápido, veloz y consistente: “Es una caricatura de como somos, como hablamos, como vernos en la vida… No tienen maldad. Es todo humor. A los puristas siempre les digo lo mismo. Esto es humor. Y el humor tiene que adaptarse. Así de simple”.

Escuchando hablar a una persona que dibuja, siempre existe rincones a los que llegar. Es el momento de preguntarle sobre la opción de dar el salto al panorama nacional o internacional. Entonces aparece el Luis Davila que se vuelve roca: “Estoy cómodo aquí”, replica. Sin embargo le siguen a través de internet por todo el mundo. Una fama que tiene características especiales. “No me ponen rostro. Es magnífico. Pero tampoco siento mucho la presión o agobio. La gente, en el contacto directo, suele ser muy amable”. dice.

Luis Davila transmite la sensación de que se le puede hablar de todos los temas. Que los conoce. Aunque desde la atalaya él los vea de manera distinta a los ‘humanos’. Al dibujante, y también persona, se le deja después de tomar un café… Uy. En una taza decorada con uno de sus dibujos. “Tamén fan camisetas. Pa próxima xa sabes”, me dice antes de indicarme el camino de vuelta a casa. Bueno. Eso ya es otra historia. “Chejei”, es lo que yo puedo decir… con una sonrisa.

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