La infinita vocación de un juez bueno

Julio Picatoste, juez jubilado y declarado Vigués Distinguido, tiene las palabras ‘vocación’ y ‘pasión’ como elementos centrales de su forma de vivir. Se puede decir que observa lo que sucede a su alrededor con una perspectiva distinta a los demás, aunque no se considera especial. Después de ‘un año en casa’, su pasión se mantiene.

Lino Blanco / Vigo

La cita es para hablar de su galardón de Vigués Distinguido. Ese es el motivo, pero la conversación transcurre por otras ‘rutas’. Julio Picatoste (Betanzos, 1947) cuenta su vida a un ritmo ‘normal’. Recuerda sus pasos por Osuna (Sevilla), Lalín, Ponteareas, Bilbao, Gijón, Pontevedra y Vigo. En esta última ciudad tuvo que trabajar un año en los antiguos juzgados ubicados en la calle del Príncipe, donde en la actualidad se encuentra el MARCO. Un recinto histórico, viejo y que guardaba siniestros recueros. En el año 1987 se trasladó junto a sus compañeros a la sede de la calle Coruña y ahora vivirá el viaje de sus excompañeros hacia la Ciudad de la Justicia (antiguo Hospital Xeral) como espectador de privilegio. Claro que al vigués de adopción no le gusta mucho la idea. Al respecto no duda en afirmar que “le llamaría la Ciudad de la Justicia si supone una mejora en las condiciones de trabajo en los juzgados. Pero si eso no sucede será la Torre o el Rascacielos de la Justicia”.

Se jubiló con 72 años, la edad máxima permitida después de pedir continuar ejerciendo durante dos más, a  los que tenía derecho en caso de solicitarlo expresamente, algo que sí hizo. Ahora se encuentra en plena fase de preparación de dos libros, entre otras cosas. Julio Picatoste tiene el verbo ligero y sencillo. Se acostumbra fácil a su conversación. Aunque parece acelerado para hacer otras cosas.

“Todavía tengo mentalidad de juez”, dice casi al comienzo de la charla. Añade de manera contundente que “amo esta profesión con pasión”. Y tanto. Su visión de la justicia actual es contundente, sin filtros, realista y con constantes invitaciones al debate. Pone ejemplos. Dice que para aceptar el cargo de ministro de justicia lo primero sería poner condiciones, sino “sería como estar a las órdenes del correspondiente partido político y sentirse bien en la silla”. Con reiteración e intensidad pide de manera urgente un plan de varios años para la mejora de la justicia.

Julio Picatoste se revuelve cuando se le habla de jueces mediáticos y luchadores. Afirma que conoce a muchos en Madrid y añade: “No hay jueces luchadores. No existen. Los jueces no tienen que salir del tribunal. Tienen que valorar, instruir e investigar. Eso es lo que deben hacer. Pero el juez no lucha. No sale del juzgado con su capa para luchar contra el enemigo”. En todo caso, hablamos de jueces mediáticos. Y también responde: “Claro, porque salen en la prensa por llevar casos importantes o donde están involucradas personas muy populares. Pero nada más. Ellos saben hacer su trabajo”. También hay un contraste. ¿Como creen que le pueden ver los ciudadanos cuando saben que es usted juez? Y responde de forma clara: “Como una persona normal. Los jueces también somos personas. Quizás mis convecinos esperan de mi una conducta mucho más ejemplar. Pero más allá de eso…”.

Repasa lo que ha sido su vida personal a retazos. Con momentos buenos y malos. Recuerda, también con gestos, los relacionados con familias. En esos instantes se sufre la presión y también la angustia. Desvela Julio Picatoste que “en el 99 por ciento de los casos no sabemos como les ha ido a esas personas. Por ejemplo, cuando se trata de niños, podrán decir de mayores que ese juez sería bueno o malo. No sabemos el resultado final de nuestro trabajo”.

La presión. Es una palabra que se dice con precaución. Un juez falleció en un tribunal. Fue considerado como accidente laboral. La presión. Esa que una lleva a casa algunas veces. La presión. La que se debe aguantar cuando en tu primer día de trabajo te toca levantar el cadáver de un policía gallego asesinado por ETA. Y lo haces. Como lo hizo Julio Picatoste, Vigués Distinguido.

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